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Regiones Vitivinicolas
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Regiones
Argentina,
con sus 2,8 millones de kilómetros cuadrados de
superficie, tiene a la Cordillera de los Andes (la más elevada
de América) como límite occidental. En los numerosos valles
que se recuestan en sus laderas se desarrolla la vitivinicultura.
Los viñedos se esparcen en la zona templada que va desde
los 22º hasta los 40º de latitud sur. La gran diversidad
topográfica, con alturas que van desde los 500 hasta los
1.500 msnm, diferencias climáticas y ecológicas permiten
que haya regiones vitícolas demarcadas.
La vitivinicultura argentina, con su amplia gama de regiones,
ocupa más de 200 mil hectáreas, lo que la sitúa en
décimo
lugar mundial. En esta superficie se producen anualmente
uvas que permiten la elaboración de unos 13 millones de
hectolitros de vino, compartiendo, según el año con
Australia, el quinto lugar en el mundo.
Las variedades más extendidas son Cereza y Criolla, ambas
con un marcado retroceso, dado el fuerte proceso de reconversión
de los últimos años que ha posicionado a la Malbec
en el tercer lugar a la que le siguen un conjunto de variedades
finas como Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y
Chardonnay.
El clima de las regiones vitivinícolas está influenciado
por la
presencia de la Cordillera de los Andes. El aire húmedo del
Pacífico pasa seco a nuestro país; en tanto que los vientos
del Atlántico llegan muy ocasionalmente. Así, el clima de
las
regiones vitivinícolas es continental, con inviernos secos y
veranos de precipitaciones escasas que varían entre los 100 y
300 mm anuales. La baja humedad relativa tiene una influencia
decisiva en la buena calidad de las uvas con escasa
necesidad de usar compuestos químicos. Amplitudes térmicas
apropiadas, gran heliofanía y temperaturas invernales por
debajo de cero permiten un adecuado ciclo vegetativo y
buena calidad de las uvas.
Los suelos son muy diversos, desde arenosos a arcillosos, con
predominio de sueltos y profundos. En general son alcalinos
con valores de pH próximos a 8.
El riego es otra de las características especiales de los viñedos
argentinos que son irrigados por una entramada red de
canales que distribuyen el agua de deshielo. Al agua superficial,
que proviene de embalses, hay que añadir la subterránea.
Este sistema permite una provisión directamente relacionada
con las necesidades vegetativas de las vides y la calidad
pretendida.
Existen nueve regiones vitivinícolas relativamente diferenciadas
que se extienden desde las que lindan con zonas tropicales
de Salta hasta la Patagonia.
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